CUANDO “EL PEQUE” ES HIPERACTIVO
La hiperactividad es un trastorno de la conducta en niños, del que se habla por primera vez en 1902. Se trata de chicos con una intensa actividad motriz, que se mueven constantemente, sin que toda esta actividad tenga una finalidad. Corren de un lado para otro, comienzan una tarea pero la abandonan rápidamente para iniciar otra, que a su vez, vuelven a dejar inconclusa. Esta hiperactividad es más notoria cuando están rodeados de otras personas, especialmente muy cercanas, y suele disminuir cuando están a solas. Algunos de ellos tienden al aislamiento social.
La hiperactividad infantil es bastante frecuente, afecta aproximadamente a un 3% de los niños menores de siete años y es más común en niños que en niñas. La causa es orgánica, se trata de una deficiencia de los elementos neurotransmisores que provoca una disminución de la velocidad en el lóbulo central, responsable del control de ciertos comportamientos. De allí se desprenden el consecuente movimiento permanente, la explosividad en la actividad voluntaria, la impulsividad orgánica y la incapacidad de estar quietos.
Estos niños son, por lo general, problemáticos, presentan un perfil destructivo, son indiferentes a los castigos, inquietos, ansiosos y nerviosos. También es dificultoso educarlos, ya que pocas veces pueden mantener durante mucho tiempo la atención centrada en algo. Así suelen tener problemas en el desempeño escolar, a pesar de tener un nivel intelectual normal.
Son muy impulsivos y desobedientes, no suelen hacer a las órdenes, inclusive intentan hacer lo contrario. Son muy tercos y porfiados, presentan una baja tolerancia a la frustración, entonces suelen insistir mucho hasta lograr lo que desean. Sus estados anímicos son bruscos e intensos, su temperamento fácilmente excitable, y de esa forma logran crear frecuentes tensiones en casa o en el colegio.
Los padres definen a su hijo hiperactivo como inmaduro y maleducado, y se sienten frustrados al sentir que fracasan sus esfuerzos educativos. Sus comportamientos desencadenan conflictos familiares, generando desaprobación y agotamiento. Este trastorno ya se detecta antes de los 7 años.
Hay que contemplar que si los padres lo regañan exageradamente pueden estar fomentar una baja autoestima en el pequeño, sobretodo si lo critican por todo lo que hace. Así lo único que logran es y realimentan el trastorno, ya que el chico no se esforzará por portarse bien ya que notará que siempre acaban retándolo haga lo que haga.
Consultar al pediatra ante la aparición de la sintomatología para que pueda indicar los estudios pertinentes para lograr un adecuado tratamiento y “armarse de paciencia” intentando ser tolerantes y entender que es una situación que escapa a la voluntad del niño son elementos realmente necesarios para afrontar la situación.
Marisa Mason
Psicoterapia Online
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