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SABER ESCUCHAR
De niños pasamos cantidad de tiempo aprendiendo a hablar y escribir. Pero a la hora de evaluar las relaciones interpsersonales observamos que el éxito de la comunicación se basa en una buena capacidad de escuchar.


Es importante poder expresar ideas, sensaciones, sentimientos y pensamientos con claridad mediante un buen vocabulario y pertinentes actitudes gestuales que acompañan al habla. Pero el hecho de escuchar pudiendo decodificar qué es lo que se nos quiere comentar es un paso primordial en la comunicación.

Como seres humanos en interacción con nuestros pares realmente pasamos más tiempo escuchando que hablando. Según investigaciones, del tiempo total que dedicamos a la comunicación, el 22% se emplea en leer y escribir, el 23% en hablar, y el 55% en escuchar. Esto no quiere decir, que estemos más dispuestos a escuchar que hablar, sino que estamos más expuestos a estar recibiendo información que a transmitirla.

En las relaciones de pareja y familia la comunicación es la única y más eficaz vía para el entendimiento y la resolución de desacuerdos. Sucede lo mismo con las relaciones entre amigos, socios o compañeros de trabajo. Al dedicar tiempo a una escucha de calidad estamos apostando a un mejor vínculo.

Si se puede escuchar a la otra parte con verdadera apertura y disposición se asegurará una relación de mayor calidad, y en cuanto a los resultados a los que se aspire se tiene buena parte del terreno ganado. Pero si contrariamente existe una dificultad para prestar atención, respetar las diferencias o negociar un acuerdo, la persona se las verá duras para sostener cualquier vínculo de forma satisfactoria y duradera, pues una relación “de primera” requiere una comunicación impecable.

Escuchar significa atender totalmente a la persona que nos habla, sin interrumpirlo, sin juzgarlo o criticarlo, implica dejar lo que se está haciendo para prestarle atención. Al sentirse escuchadas, las personas se relajan, se abren y muestran su constelación interior, sus creencias, sus valores, sus prioridades. Al prestar atención sincera se le brinda al otro una oportunidad de acercarse, de desahogare y de crear un vínculo franco.

Al ser escuchados solemos sentirnos respetados, tenidos en cuenta, considerados, queridos; además muchas veces ocurre que luego de contarle una historia a un buen amigo logramos la claridad que nos permite reconocer la solución, y todo esto, tal vez sin que nuestro amigo nos haya aconsejado. Así, funciona la magia de saber escucharnos a nosotros mismos.

No saber escuchar provoca errores en el entendimiento mutuo y desencadena la mayoría de nuestros conflictos personales. El mal oyente piensa en lo que dirá mientras habla su interlocutor, sin escucharlo con atención, interrumpe para controlar la conversación y generalmente se aferra a sus opiniones, demostrando poca apertura ante la postura ajena.

Prevalecen otros obstáculos en la escucha, como un ambiente lleno de ruido donde se dificulta hablar y escuchar a la otra persona; los prejuicios y las ideas que se tienen respecto a las discrepancias con los demás; el status, ya que se suele prestar atención a quienes parecen mas importantes y preparados que otros; el pensar solo en la satisfacción de nuestros propios intereses, seleccionando los datos de nuestro interés; el ruido interior de nuestros pensamientos que nos impide atender el mensaje o a la persona que nos habla.

Existen cuestiones básicas para lograr escuchar satisfactoriamente. Mantener el silencio mientras el otro habla implica respeto y atención, es un buen complemento mirar a los ojos, dando a entender interés; no interrumpir y esperar al final del discurso para brindar el propio punto de vista colaboran en un buen proceso de comunicación.

Es primordial mostrarse interesado, esto puede hacerse con gestos afirmativos para demostrar que se está siguiendo la conversación o manifestando frases como “Entiendo lo que me cuentas”, que sirven para darle confianza a nuestro interlocutor y al mismo tiempo, muestran nuestro interés en su historia y el deseo sincero de apoyarlos. Otra buena forma de demostrar una buena escucha es expresarle a quien hemos prestado atención un resumen de sus ideas y preguntas alusivas para asegurar la claridad de la comunicación y la comprensión de la historia.

Pero la “escucha ideal”, la forma más elevada de atender al otro es la “escucha empática”. Aquí se escucha sólo con la intención de comprender, no se trata de estar de acuerdo, sino de interpretar profunda y completamente a la otra persona tanto emocional como intelectualmente. Así, la escucha empática propone ponerse en el lugar de la otra persona, intentar ver la realidad desde el marco de referencia de ésta.

Cuando se tiene una actitud empática en la comunicación se crea la oportunidad de alcanzar una mayor profundidad en la intimidad y conexión con el otro. Si ambos interlocutores adoptan esta postura en el diálogo de él se desprenderá una relación puramente genuina.

Marisa Mason
Psicoterapia Online
www.psico-asistencia.com