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JUGANDO AL AIRE LIBRE
Es necesario destinar tiempo a jugar al aire libre, correr, practicar deportes y compartir. Internet y los juegos electrónicos son atractivos pero nunca sustituirán el placer de jugar fuera de casa. Ambos juegos se complementan y cada uno aporta sus beneficios.

Los días de sol ofrecen a los más pequeños la posibilidad de jugar al aire libre, y nada mejor que aprovechar la oportunidad del contacto con la naturaleza para fortalecer la relación padres-hijo y el vínculo con los pares.
A los chicos les encantan los juegos al aire libre pero están acostumbrados a su casa y a los espacios cerrados. En la mayoría de los casos, los pequeños se centran en los juegos electrónicos porque es algo que tienen disponible en su cuarto, porque no tienen con quién más organizar un juego o porque el espacio reducido de su hogar no les permite realizar actividades deportivas o en grupo.

Además, la inseguridad y el tráfico han minimizado la posibilidad del juego en la calle o en la plaza, como se estilaba unas dos o tres décadas atrás. Es dificltoso lograr que los chicos se “despeguen” del televisor o la computadora. ¿Cómo hacer para que los niños vuelvan a jugar al aire libre? Puede ser difícil “arrancarlos” de su diversión electrónica, pero es necesario motivarlos a realizar actividades que promuevan el desarrollo de sus destrezas motrices y habilidades sociales. Por eso es tarea de padres y maestros brindar tiempos y espacios para el juego.

Los juegos al aire libre no sólo los divierten y estimulan la inteligencia de los pequeños, sino que también resultan uno de los mejores escenarios para hacer amigos. De paso, ayudan con esa tarea extra de quemar la energía adicional infantil. El colegio y las zonas verdes del barrio son los lugares más apropiados para volver a reintroducir los juegos tradicionales en los hábitos de los niños y con ello ayudarles a su adecuado desarrollo psicomotor.

Los juegos al aire libre despiertan la curiosidad, la creatividad porque las posibilidades son ilimitadas. El aire libre también puede ser una manera efectiva de fomentar el juego dramático. El juego al aire libre debería ser simple, utilizando elementos del exterior, que no vengan de adentro. Así el juego dramático está en todas partes ya que los niños no necesitan artículos que los disfracen o los convierta en algo diferente. Ellos pueden usar su imaginación, lo cual se convierte en otra experiencia de aprendizaje.
Los juegos “de toda la vida” son una actividad divertida, además de un plan económico para compartir con los hijos o promover la amistad, porque hay más “inversión” en la mecánica del momento de diversión que en un juguete.

Juegos clásicos como la escondida, la rayuela, a pesar de su sencillez aportan estímulos para el desarrollo motor, social e intelectual. Por ejemplo jugar con bolitas mejora la coordinación óculo-manual y la percepción espacial, además del ingenio a la hora de trazar los recorridos. La “gallito ciego”es bueno para desarrollar el sentido del tacto y la orientación. Y quienes jueguen a “la mancha” verán cómo se estimula su atención, tiempo de reacción y la apreciación de las distancias.

El propósito de los mayores debe ser motivar a los niños a participar y a divertirse, y no, propiamente, a ganar: la victoria es una simple consecuencia del juego pero no su objetivo, por eso los padres no se debe promover la competitividad innecesaria.

Mientras hace tres décadas los pequeños lloraban y gritaban para que sus padres les dieran permiso de salir a jugar en la cuadra, ir al partido de fútbol o jugar a la bolita en grupo, ahora la misma demanda es para obtener la última versión de un juego electrónico. Hay que lograr un equilibrio entre los dos tipos de juego porque ambos aportan grandes beneficios al niño.


Consejos básicos
Jugando al aire libre se incrementa el riesgo de accidentes en los niños. Es recomendable vigilar y estar atento a las actividades del niño, no inducir conductas temerarias pero tampoco miedo, porque también es importante que aprenda a conocer dónde está el peligro sin sobreprotegerle.
Para prevenir las intoxicaciones, es necesario un máximo cuidado en la manipulación de los alimentos.
En cuanto a las insolaciones, hay que evitar la exposición directa excesiva al sol y ante el hecho consumado refrescar el cuerpo del niño intensamente.
Cuando se produce deshidratación por excesiva sudoración y pobre ingesta de líquidos la piel está fría y húmeda, hay que acudir a la rehidratación oral.
Las quemaduras solares se pueden evitar mediante cremas con un alto grado de protección por encima de 30.
La mejor forma de prevenir las picaduras es aplicando lociones repelentes de insectos.
Para prevenir ahogamientos la época estival es ideal para fomentar el aprendizaje de la natación, que constituye la mayor protección.

Marisa Mason
Psicoterapia Online
www.psico-asistencia.com